Cuando
empecé a escribir sobre este tema no era personal, hoy sí lo es. Con menos de 4 meses de diferencia
murieron mis padres. Me vi en la necesidad de trabajar mi propio proceso de
duelo, ya había llevado la pérdida de salud, el divorcio, etc. Y me di cuenta
lo difícil que es volver a la normalidad, ya que la normalidad que conocía antes ya no
existe. Debía construir una nueva normalidad en mi vida. Para ello, comencé a
hacer un trabajo de duelo personal y lleno de momentos dolorosos, alegres,
frustrantes, etc. Y al mismo tiempo, haciendo una evaluación de lo vivido… Les
comparto ahora algo que me ha ayudado a sanar a lo largo de los años con mis
procesos de salud y ahora con la muerte de mis padres: EL RITUAL DE DESPEDIDA.
Hay
definitivamente variedad de rituales de despedida, y cada uno elige aquel acto
simbólico que le permita sentirse cómodo y auténtico. La finalidad de estos es
que podamos despedirnos de la persona que amamos, clarificarnos y liberarnos de
aquellas emociones, pensamientos y sentimientos que no nos permiten salir
adelante. Si bien es cierto lo mejor es hacerlo apoyado con un psicólogo, hay
algunos puntos que nos pueden ayudar para decidir si necesitamos ir a terapia o
no por nuestro duelo, estos rituales no sustituyen en ningún momento un proceso
terapéutico y no son suficiente para duelos complicados como una desaparición o
una muerte violenta, pero nos ayudan a darnos valor para buscar ayuda cuando
tanto la necesitamos.
Los
rituales de despedida se construyen en tres fases:
Fase
uno: Preparación
En esta
fase se define lo que vamos a hacer para despedirnos: algunos van al mar y
sueltan linternas del cielo, otros irán a la montaña o al campo a plantar un
árbol o flores, otros se irán a hacer el viaje que siempre quiso hacer con el
otro, etc. Cada uno decide lo que le dará paz. En este momento muchos
sentimientos están dentro de nosotros, nos viene una profunda sensación de
dolor, rencor, culpa, amor, etc. Hacia la persona que se fue y es importante en
este momento tener claro que no es momento de hacer el ritual sino enfrentar lo
que sentimos y aceptarlo.
Todos
nosotros tenemos enojo porque la persona que amamos se fue, aunque
racionalmente comprendamos las cosas y sepamos qué era lo mejor para él o ella, nos enoja que ya no
esté. Ese sentimiento es normal, no es
que uno sea egoísta, simplemente lo o la extrañamos. La mezcla de sentimientos
positivos y negativos es parte de nuestro duelo. Amamos a la persona pero
estamos claros de sus características, idealizarlos porque ya no están
solamente nos complica aún más sanar nuestra pérdida.
En
estos momentos es bueno tener a alguien con quien hablar que no nos juzgue, ni cuestione,
alguien que simplemente nos escuche y acepte nuestros sentimientos. (Si usted
quiere ayudar a un amigo o pariente que pasa por estos momentos, ser un
“escuchador” con estas características es una verdadera bendición del
universo).
Todo lo
que ocurre alrededor de nuestra pérdida debe ser incluido en nuestro proceso de
preparación: usualmente al fallecer una persona uno espera la comprensión y el
apoyo de todos, y una unión familiar “ideal” que no suele ocurrir. Eso hace que
nuestro duelo incluya dolor y resentimiento hacia otros por no ser lo que
esperábamos o cuando menos lo socialmente esperado. Esta parte es la que con
mayor frecuencia complica las cosas y no deja sanar.
Vivir
el duelo no es solo por el fallecimiento del ser querido, es también la pérdida
irreparable de relaciones familiares, sociales e incluso un violento cambio en
la forma de ver la vida, la familia, incluso el amor de pareja. Las personas
reaccionamos diferente al duelo, quienes somos y lo que somos se refleja en las
acciones que realizamos a este momento. No espere finales de cuentos de hadas
para relaciones que nunca han sido positivas.
En
estos momentos evalúe todo lo relacionado con la persona fallecida, desde las
finanzas hasta su situación emocional con él o ella, desde el pasado y en este
momento. Muchas veces obviamos todo lo que está pasando en el área financiera
por el dolor, pero a la larga esto se puede volver un problema en nuestra vida;
clarifique sus finanzas para tomar decisiones cuando este más tranquilo, decisiones
impulsivas o motivadas por las emociones del momento afectan a mediano y largo
plazo. Calmarse para tomar decisiones con la cabeza fría es sumamente protector
de nuestra salud mental.
Esta
parte del proceso puede llevarle varios días, sus emociones y sentimientos se
agolparan y si usted siente que la ira o el dolor son inmanejables busque ayuda
especializada, pero también escuche a sus personas cercanas: a veces creemos
manejarlos pero los demás están viviendo las consecuencias de nuestro mal manejo,
escuchar a los que amamos y nos expresan con dolor o con miedo como estamos de
mal es un buen termómetro para la decisión de apoyo psicológico.
Fase
dos: Organización del ritual
Desde
decidir si lo haremos privado o necesitamos la compañía de alguna o algunas
personas, esto es importante para que sintamos la libertad de actuar.
¿Qué
tipo de ritual de despedida queremos hacer? desde llenar una bolsa con cosas
simbólicas y quemarlas, escribir una carta y lanzarla al mar, ir al cementerio
y soltar una linterna del cielo, estallar globos, ir al mar a llorar, quemar
una carta, etc. Usted decide lo que más le “llame la atención”, al final esto
es un soltar una parte de su vida con la persona fallecida.
Preparar
el acto, en este punto lo mejor es ver si al pensar en el ritual nuestros
sentimientos están ordenados y aunque intensos estamos listos para reemprender
la vida. Esta es la finalidad del ritual: agradecer y dejar ir...
Este es
un punto de evaluación importante para avanzar en este paso de ejecución o
expresar no estoy listo: ¿siente agradecimiento por las lecciones de vida que
aprendió con esa persona?, ¿ya no siente ira o resentimiento?, ¿ya acepto que
el otro está mejor y descansa?, si sus respuestas son no, definitivamente no es
hora de actuar. Muchas veces en este punto las personas solemos detenernos
meses, porque el dolor, la cólera, el apego, son intensos y tan poderosos que
frenan nuestra vida. El temor a seguir sin la persona, ser felices, reír, disfrutar
es interpretado por nosotros como un acto de traición, y no es así, al
contrario es definitivamente honrar la vida del otro y sobretodo la nuestra.
Si
usted está lleno de odio y rencor la ayuda terapéutica se hace indispensable,
ya que estos sentimientos son los más paralizantes para seguir adelante con una
vida saludable.
El
apego es el otro problema que suele paralizarnos, creer que no se puede vivir
sin el otro nos enferma no solamente el cuerpo sino también la mente. Si
podemos, pero es difícil, doloroso y muchas veces son sentimientos de soledad,
pero podemos. En esta fase el aprender que el otro quiere que vivamos y seamos
plenos es parte de crecer, y aprender que merecemos una vida.
Si
usted en esta fase, contrario a lo anterior, vivencia culpa su proceso
implicara perdonarse y liberarse de esa culpa. Evalúe objetivamente las
condiciones de vida y sus posibilidades reales, a veces nos culpamos por no
hacer pero al evaluar nos damos cuenta que hicimos y que hicimos lo que
podíamos, no se puede hacer todo, aceptar nuestros límites humanos es vital en
el proceso. Si usted al evaluar se da cuenta que pudo haber hecho y no hizo el
perdón a si mismo será más complejo y largo pero necesitará hacerlo para seguir
adelante. (Este tema lo han pedido para una entrada del blog, así que hablaré
de este proceso próximamente).
Fase
tres: Ejecutar el ritual
Cuando
se sienta que aún con dolor no tiene sentimientos negativos vinculados a la
persona fallecida haga su ritual. Llorará, dirá algunas cosas que tienen que
ver con la gratitud y el amor y podrá comenzar a procesar diferente el duelo…
NO fingirá estar bien, estará con sus altas y bajas pero irá sanando e
integrándose a la cotidianidad.
Los
rituales no son milagrosos procesos en los cuales usted dejará el duelo atrás,
al contrario, lo ayudarán a procesar el duelo de una manera más saludable para
usted y los que están a su alrededor. Insisto, no sustituyen la terapia y mucho
menos son los rituales de despedida terapéuticos.
Este
proceso que les explicó hoy es simplemente un paso para comenzar a sanar, el
duelo es inevitable y lo mejor es vivirlo
plenamente por amor a nosotros mismos.



No hay comentarios:
Publicar un comentario