sábado, 11 de mayo de 2019

CUANDO MUERE UN SER QUERIDO


Cuando empecé a escribir sobre este tema no era personal, hoy sí  lo es. Con menos de 4 meses de diferencia murieron mis padres. Me vi en la necesidad de trabajar mi propio proceso de duelo, ya había llevado la pérdida de salud, el divorcio, etc. Y me di cuenta lo difícil que es volver a la normalidad, ya  que la normalidad que conocía antes ya no existe. Debía construir una nueva normalidad en mi vida. Para ello, comencé a hacer un trabajo de duelo personal y lleno de momentos dolorosos, alegres, frustrantes, etc. Y al mismo tiempo, haciendo una evaluación de lo vivido… Les comparto ahora algo que me ha ayudado a sanar a lo largo de los años con mis procesos de salud y ahora con la muerte de mis padres: EL RITUAL DE DESPEDIDA.







Hay definitivamente variedad de rituales de despedida, y cada uno elige aquel acto simbólico que le permita sentirse cómodo y auténtico. La finalidad de estos es que podamos despedirnos de la persona que amamos, clarificarnos y liberarnos de aquellas emociones, pensamientos y sentimientos que no nos permiten salir adelante. Si bien es cierto lo mejor es hacerlo apoyado con un psicólogo, hay algunos puntos que nos pueden ayudar para decidir si necesitamos ir a terapia o no por nuestro duelo, estos rituales no sustituyen en ningún momento un proceso terapéutico y no son suficiente para duelos complicados como una desaparición o una muerte violenta, pero nos ayudan a darnos valor para buscar ayuda cuando tanto la necesitamos.

Los rituales de despedida se construyen en tres fases:

Fase uno: Preparación

En esta fase se define lo que vamos a hacer para despedirnos: algunos van al mar y sueltan linternas del cielo, otros irán a la montaña o al campo a plantar un árbol o flores, otros se irán a hacer el viaje que siempre quiso hacer con el otro, etc. Cada uno decide lo que le dará paz. En este momento muchos sentimientos están dentro de nosotros, nos viene una profunda sensación de dolor, rencor, culpa, amor, etc. Hacia la persona que se fue y es importante en este momento tener claro que no es momento de hacer el ritual sino enfrentar lo que sentimos y aceptarlo.

Todos nosotros tenemos enojo porque la persona que amamos se fue, aunque racionalmente comprendamos las cosas y sepamos qué era lo mejor  para él o ella, nos enoja que ya no esté.  Ese sentimiento es normal, no es que uno sea egoísta, simplemente lo o la extrañamos. La mezcla de sentimientos positivos y negativos es parte de nuestro duelo. Amamos a la persona pero estamos claros de sus características, idealizarlos porque ya no están solamente nos complica aún más sanar nuestra pérdida.

En estos momentos es bueno tener a alguien con quien hablar que no nos juzgue, ni cuestione, alguien que simplemente nos escuche y acepte nuestros sentimientos. (Si usted quiere ayudar a un amigo o pariente que pasa por estos momentos, ser un “escuchador” con estas características es una verdadera bendición del universo).

Todo lo que ocurre alrededor de nuestra pérdida debe ser incluido en nuestro proceso de preparación: usualmente al fallecer una persona uno espera la comprensión y el apoyo de todos, y una unión familiar “ideal” que no suele ocurrir. Eso hace que nuestro duelo incluya dolor y resentimiento hacia otros por no ser lo que esperábamos o cuando menos lo socialmente esperado. Esta parte es la que con mayor frecuencia complica las cosas y no deja sanar.

Vivir el duelo no es solo por el fallecimiento del ser querido, es también la pérdida irreparable de relaciones familiares, sociales e incluso un violento cambio en la forma de ver la vida, la familia, incluso el amor de pareja. Las personas reaccionamos diferente al duelo, quienes somos y lo que somos se refleja en las acciones que realizamos a este momento. No espere finales de cuentos de hadas para relaciones que nunca han sido positivas.

En estos momentos evalúe todo lo relacionado con la persona fallecida, desde las finanzas hasta su situación emocional con él o ella, desde el pasado y en este momento. Muchas veces obviamos todo lo que está pasando en el área financiera por el dolor, pero a la larga esto se puede volver un problema en nuestra vida; clarifique sus finanzas para tomar decisiones cuando este más tranquilo, decisiones impulsivas o motivadas por las emociones del momento afectan a mediano y largo plazo. Calmarse para tomar decisiones con la cabeza fría es sumamente protector de nuestra salud mental.

Esta parte del proceso puede llevarle varios días, sus emociones y sentimientos se agolparan y si usted siente que la ira o el dolor son inmanejables busque ayuda especializada, pero también escuche a sus personas cercanas: a veces creemos manejarlos pero los demás están viviendo las consecuencias de nuestro mal manejo, escuchar a los que amamos y nos expresan con dolor o con miedo como estamos de mal es un buen termómetro para la decisión de apoyo psicológico.

Fase dos: Organización del ritual

Desde decidir si lo haremos privado o necesitamos la compañía de alguna o algunas personas, esto es importante para que sintamos la libertad de actuar.
¿Qué tipo de ritual de despedida queremos hacer? desde llenar una bolsa con cosas simbólicas y quemarlas, escribir una carta y lanzarla al mar, ir al cementerio y soltar una linterna del cielo, estallar globos, ir al mar a llorar, quemar una carta, etc. Usted decide lo que más le “llame la atención”, al final esto es un soltar una parte de su vida con la persona fallecida.

Preparar el acto, en este punto lo mejor es ver si al pensar en el ritual nuestros sentimientos están ordenados y aunque intensos estamos listos para reemprender la vida. Esta es la finalidad del ritual: agradecer y dejar ir...

Este es un punto de evaluación importante para avanzar en este paso de ejecución o expresar no estoy listo: ¿siente agradecimiento por las lecciones de vida que aprendió con esa persona?, ¿ya no siente ira o resentimiento?, ¿ya acepto que el otro está mejor y descansa?, si sus respuestas son no, definitivamente no es hora de actuar. Muchas veces en este punto las personas solemos detenernos meses, porque el dolor, la cólera, el apego, son intensos y tan poderosos que frenan nuestra vida. El temor a seguir sin la persona, ser felices, reír, disfrutar es interpretado por nosotros como un acto de traición, y no es así, al contrario es definitivamente honrar la vida del otro y sobretodo la nuestra.


Si usted está lleno de odio y rencor la ayuda terapéutica se hace indispensable, ya que estos sentimientos son los más paralizantes para seguir adelante con una vida saludable.

El apego es el otro problema que suele paralizarnos, creer que no se puede vivir sin el otro nos enferma no solamente el cuerpo sino también la mente. Si podemos, pero es difícil, doloroso y muchas veces son sentimientos de soledad, pero podemos. En esta fase el aprender que el otro quiere que vivamos y seamos plenos es parte de crecer, y aprender que merecemos una vida.

Si usted en esta fase, contrario a lo anterior, vivencia culpa su proceso implicara perdonarse y liberarse de esa culpa. Evalúe objetivamente las condiciones de vida y sus posibilidades reales, a veces nos culpamos por no hacer pero al evaluar nos damos cuenta que hicimos y que hicimos lo que podíamos, no se puede hacer todo, aceptar nuestros límites humanos es vital en el proceso. Si usted al evaluar se da cuenta que pudo haber hecho y no hizo el perdón a si mismo será más complejo y largo pero necesitará hacerlo para seguir adelante. (Este tema lo han pedido para una entrada del blog, así que hablaré de este proceso próximamente).

Fase tres: Ejecutar el ritual

Cuando se sienta que aún con dolor no tiene sentimientos negativos vinculados a la persona fallecida haga su ritual. Llorará, dirá algunas cosas que tienen que ver con la gratitud y el amor y podrá comenzar a procesar diferente el duelo… NO fingirá estar bien, estará con sus altas y bajas pero irá sanando e integrándose a la cotidianidad.

Los rituales no son milagrosos procesos en los cuales usted dejará el duelo atrás, al contrario, lo ayudarán a procesar el duelo de una manera más saludable para usted y los que están a su alrededor. Insisto, no sustituyen la terapia y mucho menos son los rituales de despedida terapéuticos.

Este proceso que les explicó hoy es simplemente un paso para comenzar a sanar, el duelo es inevitable y lo mejor es vivirlo  plenamente por amor a nosotros mismos. 





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