martes, 6 de febrero de 2018

NO TE PEDIRÉ QUE TE QUEDES, HARÉ LO POSIBLE PARA QUE NO TE VAYAS


Una de las frases más frecuentes que escuchamos los psicólogos cuando acuden a nosotros por problemas de pareja o rupturas es: “NO QUIERO QUE SE VAYA”, “NO QUIERO QUE ME DEJE”, transmiten en su expresión desesperación, dolor, angustia, miedo, sobre todo al futuro.

En ese momento el listado de “presuntos” errores, las peleas, las veces que no cedimos a algo que el otro quería, etc., invaden nuestra cabeza con la fuerza de un huracán destrozando toda la lógica, editando la memoria y hundiéndonos en un mar de remordimientos, culpas y dolor.  Perdemos la dignidad y el respeto por  el otro y a la relación, pero sobretodo le perdemos el respeto a nosotros mismos. Estamos en tal desesperación que somos capaces de hacer negociaciones y aceptar condiciones que al final no seremos capaces de cumplir, pero que haremos todo lo posible por hacer, con un resultado aún más devastador y lleno de frustración. Y en ese círculo vicioso nos sentiremos más culpables y miserables.

Reitero lo que he dicho en otros escritos, NO EXISTEN LA RESURRECCIONES AMOROSAS, cuando algo llego a su fin, aunque duela, hay que aceptar que se acabó. El rogar no hace más que desgastar y desear huir de ahí lo antes posible, no hay otra cosa de la que deseemos huir más que de un ex perseguidor, al que todos nuestros amigos y parientes comienzan llamar tú ex “el psicópata” porque hace de todo por contactarse contigo o con las personas cercanas a ti. No crea que por rogar usted lograra que vea lo que le ama o lo mucho que le extraña, al contrario, se vivencia como angustia, rechazo e incluso desesperación. La persona que persigue no logra dimensionar lo desagradable que se vuelve y menos aún que su comportamiento mata cualquier sentimiento positivo que quedaba hacia usted.



No es el momento de extenderme a hablar de los novios/novias  agresivos y violentos que llegan al chantaje y la amenaza para mantener una relación o evitar que alguien deje de quererlos. Uno de los elementos más lejanos al amor es el miedo. Te amo en libertad es lo que funciona, te amo porque quiero hacerlo.  Un amor bajo amenaza muere, eso debemos de tenerlo muy claro, no hay que confundir temor y apego con el amor.

El amor no es para siempre a menos que usted decida trabajar para que le dure toda la vida, no hay amor por sí mismo que se sostenga. Todas las parejas de largo tiempo tienen características en común y sus maravillosas peculiaridades, pero comparten la creencia que por el amor se trabaja todos los días, se toman decisiones importantes, se hacen inversiones y FODAS, se realiza re-ingeniería. El amor de verdad vuela a ras de piso, pero vuela. Porque dos lo hacen volar… No es espontaneo, ni cuestión de suerte, es decisión de verte a ti como mi socio en la vida y como tal hacerle frente a la cotidianidad.

Cuando doy charlas prematrimoniales siempre hago esta pregunta: ¿Usted le daría todo su dinero a su pareja para que invierta en un negocio? Suelen verme con expresión de ¿Qué le pasa? Pero la realidad es que usted está entregando algo más importante que todo su dinero: Su vida, al otro.

A veces se nos olvida que el otro se va no por lo último que vivimos sino por un largo proceso de desgaste que no vimos o que creímos que se resolvería solo. El amor rara vez tiene una muerte súbita generalmente se desgasta poco a poco. Si usted quiere que su pareja se quede debe usted cuidar su parte de la relación, no le garantiza al cien por ciento que se quedara pero le da la paz de haber dado lo mejor que sí. Por eso mi frase inicial: “No quiero que te vayas, haré lo posible por hacer que quieras quedarte”, sin perder la dignidad y el respeto por mí mismo, porque te quiero para mí, por tanto debo amarme primero.  



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