El tema de la violencia hacia la mujer se pone de moda cada vez
que ocurre un hecho violento, porque mientras no ocurra de una manera que
impacte se mantiene como parte de discursos y políticas, pero no es tema de
discusión e incluso exaltación en las redes sociales. Por supuesto que hay que
hablarlo, por supuesto que hay que expresar la indignación y sobre todo hacer
algo.
El punto es trabajar como sociedad para que la violencia hacia
las mujeres comience a desaparecer en todas sus manifestaciones, porque ver
casos de feminicidio es el gran final de un proceso que comienza de manera tan
sutil e incluso ingenua desde nuestra concepción.
Cada grupo social define lo correcto e incorrecto, delimita lo
aceptable y lo no aceptable de la violencia que se practica hacia cada grupo
que la conforma. Me preocupa y me genera profundo rechazo la muerte o la
desaparición de mujeres, no solo en los últimos meses como los de la Dra. O las
agentes de la PNC, sino la de un sin número oficial que nunca llega a la
denuncia, las redes sociales o los medios de prensa.
Como docente que trabaja educando interventores de violencia y
como psicóloga me preocupan las secuelas psicosociales en todas estas familias,
y la forma en que la sociedad enseña a
percibir estos hechos de violencia.
Las primeras ubican a sus hijos, padres, hermanos, etc. En
victimas secundarias de los hechos con sus secuelas psicológicas que afectan a
esta y las siguientes generaciones, desde los problemas emocionales y
adaptativos hasta otros factores que tienen que ver secuelas cognitivas,
conductuales y definitivamente un cambio radical en la percepción del mundo y las personas. Hay
abundante literatura sobre estos puntos.
Las segundas, no son menos complejas pero más difíciles de
tratar, implica tocar venas sociales, tocar puntos ante los que no todos nos
sentimos cómodos, decir cosas que molestan a demasiados aun. Por ejemplo: Ella
era mayor con razón, ¿con razón qué?, que él la haya matado no tiene que ver
con edades, sino con formas de pensar y ver la vida. Una mujer no debe andar a
ciertas horas o en ciertos lugares, cada quien puede opinar lo que guste pero
eso no justifica para violar o matar. Y así otros ejemplos, donde vemos a
madres, hijos, etc., Justificando acciones de violencia hacia sus familiares en
nombre de la decencia. La hora o el lugar no justifican lesionar, matar o
violar a nadie… a nadie, independientemente de su género.
En este caso hay que tener claro que la violencia hacia la
mujer no viene solo de los hombres, sino también de otras mujeres, eso hace el
problema más complejo y muchas veces menos visible en sus manifestaciones:
Cuantas veces acusamos a la otra mujer de la infidelidad exonerando al hombre
de su responsabilidad, cuando ambos son responsables. Cuantas madres repiten a
sus hijas lo mismo que le dijeron a ella: aguante mi hija, esa es su cruz;
usted es la que debe hacer todo para que él no se le vaya con otra porque si no
es su culpa, y un largo discurso de la misma y reiterada forma de “educar”
desde la niñez a nuestras mujeres.
La justificación que aprendemos para cada acto de violencia,
desde el más sutil y simbólico hasta el más feroz y atroz tiene una base
social. Podemos discutir si los humanos somos o no violentos, al final todos
estamos abiertos a la posibilidad de serlo, pero con quién, en qué momento y en
qué contexto especifico depende de cada sociedad. Eso es lo que debemos
enfocarnos a cambiar formas de pensar para que cada generación aporte, y debemos
ser todos sin importar nuestro sexo biológico y nuestra opción de género.
Al final la violencia nos afecta a todos, no es cuestión de pensar
a mí no me ha pasado o que a las mujeres de mi familia jamás les pasaría algo
así. Todas estamos expuestas y todos como salvadoreños independientemente de
nuestra visión política y nuestra posición económica debemos aportar.
Los lemas y campañas no pertenecen a las que la viven o
defienden la vida libre de violencia sino que debe “APRENDERSE Y PERTENECER” a todos los que vivimos en
sociedad.
Tiene toda la razón. Y en mi opinión, yo reconozco que se ha hecho un gran esfuerzo en materia legal referente a la protección de la mujer (lastimosamente en nuestro país gran parte de las leyes se queda solamente en papel), sin embargo siento que falta más (obviamente mucho más y entiendo que apenas se están rompiendo brechas), pero al menos se debería de incluir la formación en prevención de violencia entre mujeres, porque en eso se quedan bastante corta las leyes, ya no se diga la aplicación de las mismas, y quiérase o no en úes tras cultura los cambios muchas veces tienen que ser "por Ley"
ResponderEliminarDefinitivamente lo que dices es verdad, debemos de dar un paso más allá de las leyes que no queden en el papel, las personas sustantivamos la violencia, no es algo en el aire
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