miércoles, 31 de enero de 2018

HABLANDO DE LA VIOLENCIA


El tema de la violencia hacia la mujer se pone de moda cada vez que ocurre un hecho violento, porque mientras no ocurra de una manera que impacte se mantiene como parte de discursos y políticas, pero no es tema de discusión e incluso exaltación en las redes sociales. Por supuesto que hay que hablarlo, por supuesto que hay que expresar la indignación y sobre todo hacer algo.

El punto es trabajar como sociedad para que la violencia hacia las mujeres comience a desaparecer en todas sus manifestaciones, porque ver casos de feminicidio es el gran final de un proceso que comienza de manera tan sutil e incluso ingenua desde nuestra concepción.
Cada grupo social define lo correcto e incorrecto, delimita lo aceptable y lo no aceptable de la violencia que se practica hacia cada grupo que la conforma. Me preocupa y me genera profundo rechazo la muerte o la desaparición de mujeres, no solo en los últimos meses como los de la Dra. O las agentes de la PNC, sino la de un sin número oficial que nunca llega a la denuncia, las redes sociales o los medios de prensa.

Como docente que trabaja educando interventores de violencia y como psicóloga me preocupan las secuelas psicosociales en todas estas familias, y  la forma en que la sociedad enseña a percibir estos hechos de violencia.

Las primeras ubican a sus hijos, padres, hermanos, etc. En victimas secundarias de los hechos con sus secuelas psicológicas que afectan a esta y las siguientes generaciones, desde los problemas emocionales y adaptativos hasta otros factores que tienen que ver secuelas cognitivas, conductuales y definitivamente un cambio radical en la  percepción del mundo y las personas. Hay abundante literatura sobre estos puntos.

Las segundas, no son menos complejas pero más difíciles de tratar, implica tocar venas sociales, tocar puntos ante los que no todos nos sentimos cómodos, decir cosas que molestan a demasiados aun. Por ejemplo: Ella era mayor con razón, ¿con razón qué?, que él la haya matado no tiene que ver con edades, sino con formas de pensar y ver la vida. Una mujer no debe andar a ciertas horas o en ciertos lugares, cada quien puede opinar lo que guste pero eso no justifica para violar o matar. Y así otros ejemplos, donde vemos a madres, hijos, etc., Justificando acciones de violencia hacia sus familiares en nombre de la decencia. La hora o el lugar no justifican lesionar, matar o violar a nadie… a nadie, independientemente de su género.

En este caso hay que tener claro que la violencia hacia la mujer no viene solo de los hombres, sino también de otras mujeres, eso hace el problema más complejo y muchas veces menos visible en sus manifestaciones: Cuantas veces acusamos a la otra mujer de la infidelidad exonerando al hombre de su responsabilidad, cuando ambos son responsables. Cuantas madres repiten a sus hijas lo mismo que le dijeron a ella: aguante mi hija, esa es su cruz; usted es la que debe hacer todo para que él no se le vaya con otra porque si no es su culpa, y un largo discurso de la misma y reiterada forma de “educar” desde la niñez a nuestras mujeres.

La justificación que aprendemos para cada acto de violencia, desde el más sutil y simbólico hasta el más feroz y atroz tiene una base social. Podemos discutir si los humanos somos o no violentos, al final todos estamos abiertos a la posibilidad de serlo, pero con quién, en qué momento y en qué contexto especifico depende de cada sociedad. Eso es lo que debemos enfocarnos a cambiar formas de pensar para que cada generación aporte, y debemos ser todos sin importar nuestro sexo biológico y nuestra opción de género.

Al final la violencia nos afecta a todos, no es cuestión de pensar a mí no me ha pasado o que a las mujeres de mi familia jamás les pasaría algo así. Todas estamos expuestas y todos como salvadoreños independientemente de nuestra visión política y nuestra posición económica debemos aportar.

Los lemas y campañas no pertenecen a las que la viven o defienden la vida libre de violencia sino que debe APRENDERSE Y PERTENECER” a todos los que vivimos en sociedad.


2 comentarios:

  1. Tiene toda la razón. Y en mi opinión, yo reconozco que se ha hecho un gran esfuerzo en materia legal referente a la protección de la mujer (lastimosamente en nuestro país gran parte de las leyes se queda solamente en papel), sin embargo siento que falta más (obviamente mucho más y entiendo que apenas se están rompiendo brechas), pero al menos se debería de incluir la formación en prevención de violencia entre mujeres, porque en eso se quedan bastante corta las leyes, ya no se diga la aplicación de las mismas, y quiérase o no en úes tras cultura los cambios muchas veces tienen que ser "por Ley"

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  2. Definitivamente lo que dices es verdad, debemos de dar un paso más allá de las leyes que no queden en el papel, las personas sustantivamos la violencia, no es algo en el aire

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