Por lo menos eso suele sentirse, que no se puede. Tomar la
decisión de irnos no debe ser un impulso totalmente arrebatador que nos
convierte en el típico me voy ahora y te hablo mañana como si nada… Situación
que al final solo refuerza la idea que no nos podemos ir.
Irnos es estar claros que no será fácil, que nos va a doler,
que incluso nos dará ansiedad (en algunos casos), que sentiremos que las cosas
no son iguales, etc. No puede evitar el dolor, ese punto es el que nos hace más
difícil el proceso…
¿Por qué duele irnos?
Depende, definitivamente no a todos nos duele por lo mismo:
Nos puede doler porque creemos que esa persona es el amor de
nuestra vida y que nos deje es sinónimo de ya no hay más oportunidades de que
alguien nos ame. Sí las habrá, pero no con esa persona y obviamente no en este
momento, no es instantáneo, será en la medida que sanemos y nos demos
oportunidad de volver a amar.
Nos puede doler porque nuestro proyecto de vida estaba
armado y se derrumba cuando el otro se va, y es eso lo que nos duele tanto.
Volver a comenzar, sentir el miedo al futuro e incluso el peso del tiempo
perdido. No perdimos tiempo aprendimos o debemos aprender algo de esa relación,
nada es tiempo perdido si nos trajo felicidad y lecciones, pero que cuesta
entenderlo cuando lo estamos viviendo.
Nos suele doler porque sentimos que esa persona era tan
especial que cometimos un error y por ese error la perdimos, la dañamos y esa
culpa nos pesa horriblemente. Esa culpa no nos deja vivir y estamos ahí siendo
presencia en la vida del otro pese al dolor y querer que todo se arregle cuando
el amor se murió.
Nos suele doler porque dimos por sentado que el amor estaba
ahí y lo descuidamos, y eso nos frustra y nos enoja con nosotros mismos. Nos
sentimos tan molestos y con tantas sensaciones revueltas que empeoramos las
cosas pidiendo resucitar una relación que está muerta.
Nos suele doler porque creemos que nunca nos amaron. Porque
nos dicen que el amor es para siempre, pero es la capacidad de amar la que se
mantiene, lo que se acaba es el amor hacia alguien. Y puede haberse muerto por
cualquiera de las dos razones anteriores, en una de forma súbita, en la otra de
muerte lenta.
No podemos evitar el dolor, lo que podemos evitar es el
sufrimiento. Sufrir implica alargar el dolor más allá del duelo, sufrimos
cuando nuestra mente crea las novelas mentales y las reeditamos cada tanto
causándonos con ello más dolor.
Se puede dejar la relación, definitivamente, que sí se
puede. Pero hay que tomar la decisión de hacerlo, cuidando de nosotros y no del
otro. No quiere decir que sintamos rencor (podemos sentirlo, no hay problema)
pero la idea es esa, deje de pensar en lo que él o ella van a pensar o sentir,
céntrese en usted, en lo que siente y piensa, lo que el otro haga o deje de
hacer ya no debe ser objeto de su atención, no debe importarle: que posteó, con
quién salió, o lo que sea que haga él/ella o su familia. Es indispensable
cortar lazos para sanar, dejar de estar preguntando por lo que hace o bien
parar a las personas que nos traen “información”… corte por lo sano, es vital.
No acepte ser el amigo o amiga, probablemente en un tiempo
pueda serlo, pero mientras lo vea con “ojos de amor” no lo haga, no está listo
para escuchar sus comentarios o confidencias, sobre todo cuando empiecen a
involucrar a otras personas.
Y finalmente, para comenzar el proceso de duelo de la mejor
manera, deje de estar buscando una respuesta, la respuesta que quiere no la tiene
nadie más que usted, ni siquiera su ex puede darle la respuesta que necesita.
No todos los porqué tienen respuesta, muchos de ellos no tienen ya razón de
ser. Es hora de aprender la lección que dejo la relación y seguir adelante.
Reitero la frase: La capacidad de amar se mantiene en cada
uno de nosotros pese al miedo o al dolor, lo que se acaba es el amor hacia
alguien.







