domingo, 26 de agosto de 2018

SÉ QUE DEBO DEJARTE IR, PERO NO PUEDO


Por lo menos eso suele sentirse, que no se puede. Tomar la decisión de irnos no debe ser un impulso totalmente arrebatador que nos convierte en el típico me voy ahora y te hablo mañana como si nada… Situación que al final solo refuerza la idea que no nos podemos ir.
Irnos es estar claros que no será fácil, que nos va a doler, que incluso nos dará ansiedad (en algunos casos), que sentiremos que las cosas no son iguales, etc. No puede evitar el dolor, ese punto es el que nos hace más difícil el proceso…





¿Por qué duele irnos?  Depende, definitivamente no a todos nos duele por lo mismo:

Nos puede doler porque creemos que esa persona es el amor de nuestra vida y que nos deje es sinónimo de ya no hay más oportunidades de que alguien nos ame. Sí las habrá, pero no con esa persona y obviamente no en este momento, no es instantáneo, será en la medida que sanemos y nos demos oportunidad de volver a amar.

Nos puede doler porque nuestro proyecto de vida estaba armado y se derrumba cuando el otro se va, y es eso lo que nos duele tanto. Volver a comenzar, sentir el miedo al futuro e incluso el peso del tiempo perdido. No perdimos tiempo aprendimos o debemos aprender algo de esa relación, nada es tiempo perdido si nos trajo felicidad y lecciones, pero que cuesta entenderlo cuando lo estamos viviendo.

Nos suele doler porque sentimos que esa persona era tan especial que cometimos un error y por ese error la perdimos, la dañamos y esa culpa nos pesa horriblemente. Esa culpa no nos deja vivir y estamos ahí siendo presencia en la vida del otro pese al dolor y querer que todo se arregle cuando el amor se murió.

Nos suele doler porque dimos por sentado que el amor estaba ahí y lo descuidamos, y eso nos frustra y nos enoja con nosotros mismos. Nos sentimos tan molestos y con tantas sensaciones revueltas que empeoramos las cosas pidiendo resucitar una relación que está muerta.

Nos suele doler porque creemos que nunca nos amaron. Porque nos dicen que el amor es para siempre, pero es la capacidad de amar la que se mantiene, lo que se acaba es el amor hacia alguien. Y puede haberse muerto por cualquiera de las dos razones anteriores, en una de forma súbita, en la otra de muerte lenta.

No podemos evitar el dolor, lo que podemos evitar es el sufrimiento. Sufrir implica alargar el dolor más allá del duelo, sufrimos cuando nuestra mente crea las novelas mentales y las reeditamos cada tanto causándonos con ello más dolor.

Se puede dejar la relación, definitivamente, que sí se puede. Pero hay que tomar la decisión de hacerlo, cuidando de nosotros y no del otro. No quiere decir que sintamos rencor (podemos sentirlo, no hay problema) pero la idea es esa, deje de pensar en lo que él o ella van a pensar o sentir, céntrese en usted, en lo que siente y piensa, lo que el otro haga o deje de hacer ya no debe ser objeto de su atención, no debe importarle: que posteó, con quién salió, o lo que sea que haga él/ella o su familia. Es indispensable cortar lazos para sanar, dejar de estar preguntando por lo que hace o bien parar a las personas que nos traen “información”… corte por lo sano, es vital.



No acepte ser el amigo o amiga, probablemente en un tiempo pueda serlo, pero mientras lo vea con “ojos de amor” no lo haga, no está listo para escuchar sus comentarios o confidencias, sobre todo cuando empiecen a involucrar a otras personas.

Y finalmente, para comenzar el proceso de duelo de la mejor manera, deje de estar buscando una respuesta, la respuesta que quiere no la tiene nadie más que usted, ni siquiera su ex puede darle la respuesta que necesita. No todos los porqué tienen respuesta, muchos de ellos no tienen ya razón de ser. Es hora de aprender la lección que dejo la relación y seguir adelante.

Reitero la frase: La capacidad de amar se mantiene en cada uno de nosotros pese al miedo o al dolor, lo que se acaba es el amor hacia alguien.





TÚ ME PARTISTE EL CORAZÓN




Definitivamente ritmo súper pegajoso y con una letra que contrasta con ese ritmo, completamente despechado y con la firme decisión de nunca jamás me expongo a volver a vivir algo así. Demos la bienvenida a la AMOROFOBIA, expresada en cantidad de canciones alrededor del mundo, en todos los idiomas y por personas de todas las edades.

El doloroso mal de amores, confundir al amor con la persona que amamos. No es lo mismo, aunque nos cueste tanto aceptarlo. Nos enamoramos, con una parte de nosotros, buscando a aquellas personas que nos permite revivir los problemas que traemos del pasado pensando que ahora sí va a funcionar, hasta que sanamos esa parte de nosotros el amor verdaderamente llega a nuestra vida. Dejando de buscar personas que nos abandonan porque vivimos abandono, personas con las que sufrimos porque en nuestra infancia vivimos abusos, violencia, adicciones, negligencia, etc.

El punto sobre el que me quiero enfocar es en el hombre despechado, la mayoría de mujeres nos cuesta aceptar que a los hombres le duele, sienten, se enamoran, sufren, se ilusionan y tienen problemas, eso no justifica que actúen mal pero lo explica, el punto no es tratar de salvarlos con actitudes sumisas o ruegos, soportando todo para demostrar que si puede haber alguien que los ame, usualmente eso no lo valoran… solo lea la letra de la canción icónica de Luis Miguel, la incondicional (lea la letra mientras la canta)



Definitivamente se dio cuenta que el vídeo no hace juego con la letra para nada y dice una verdad innegable, ser incondicional para alguien no hará jamás que lo/la amen. Jamás se amará a quién no sabe valorarse.

Pero volviendo al tema de los hombres, la cultura los educa para no enamorarse a jugar por despecho, a cuidar el corazón, no pueden frente a otros aceptar como se sientes porque muchos otros, actuando en consonancia al machismo, le dicen que no es válido sentirse así habiendo tantas en el mundo, y es cierto hay miles, pero ninguna es precisamente igual a la otra y ella es definitivamente la importante para él.

La amorofobia es establece como una defensa ante el dolor, la ansiedad y el temor a abandono y no solamente en los hombres, es más cómodo al principio no involucrarse y sentirse que solo hay una relación física, que esa vida es menos problemática y que finalmente se encontró una manera de estar sin exponerme al dolor hasta que llega un dolor nuevo, probablemente mucho tiempo después, la soledad.

Aunque algunos la sienten unos pocos años después y otros cuando la vejez toca puerta, la soledad de este estilo de vida llega, es el momento en que buscan algo o alguien, pero no saben qué exactamente quieren y no es la que ruega siempre la que quieren para hacer hogar, sino alguien que esté, pero no sea la incondicional, alguien que los motive a quedarse. Sí, el problema es de dos, definitivamente con base cultural, pero al final es de dos… la pareja siempre son dos, los extras son eso extras, actores secundarios que no logran entender la dinámica interna de cada relación. Cada relación es diferente, única e irrepetible, eso de parejas que por fuera se ven extrañas y disparejas no es cierto, la verdadera compatibilidad no es externa es interna, vemos parejas disparejas totalmente funcionales desde dentro… bendita diferencia externa que los hace más interesantes el uno para el otro.

Si usted tiene el corazón roto, viva su duelo, no es menos masculino por ello, al contrario, está dando la bienvenida a ser un hombre del siglo XXI que no necesita ser un macho para ser, de esos hombres que realmente valen el esfuerzo y esos que nos llevan a pensar que… 



domingo, 19 de agosto de 2018

QUIERO Y NO QUIERO QUE TE VAYAS



Todos nos hemos sentido así alguna vez con alguien, pasamos por esa etapa donde no sabemos si irnos es lo mejor, pero aun sentimos mucho y eso nos impide pensar. Hay decisiones que tomar, pero las posponemos, dejamos pasar el tiempo y postergamos, dolorosamente postergamos.

Hay que decidir ¿seguir o soltar?, y de ser sí la respuesta ¿cuándo?, ¿cómo? Esas preguntas nos rebotan en la cabeza todo el día e  incluso nos causan desvelos, y de repente cuando creemos que ya decidimos aparece nuevamente la duda de si seguir o no.




Me encanta esa frase y definitivamente hay que hacerlo cuando son dos ganas, dos decisiones, dos dispuestos a la lucha. Énfasis cuando hay dos, cuando aún hay amor y se reconocen ambos es sus respectivas responsabilidades para asumir nuevamente la construcción de una relación funcional para ambos. Decidir sanar una relación siempre es de dos, uno solo no puede con la carga.

Soltar cuando el otro ya no está es un proceso de duelo que nos cuesta aceptar, usualmente hay una frase de promesas y ofertas pero muchas veces eso ya no es suficiente para seguir, perdimos la fe, la confianza y el deseo de estar ahí.



La frase es dolorosamente cierta, muchos quieren regresar y ya pasó su tiempo, la magia se perdió, ya no causa el mismo impacto e incluso puede ser incómodo para alguno de los dos. Querer regresar cuando el otro ya no está dispuesto es generarse uno mismo más dolor e incluso podemos llegar hasta a vivir rechazos muy intensos, rogar ya no tiene sentido y sobretodo caemos en el riesgo de volvernos acosadores del otro, entre otras cosas. Al final sino ponemos limites a nuestros comportamientos nos volvemos una caricatura de nosotros mismos faltándonos el respeto e incluso frente al otro quedamos cada vez peor, muchas veces he escuchado la voz de horror al decir “mi ex parece el meme de la novia psicópata, siguiéndome aun”, y más de una vez me ha tocado llevar a la reflexión a alguien que se está comportando así, en ambos casos eso produce más rechazo y decepción, es la lápida de la relación.


Quedarme, sí. Reitero que vale el esfuerzo si somos dos dispuestos, pero si solo es un es hora de soltar y la frase siguiente lo explica exactamente…

Dejamos ir nuestros sueños y proyectos con esa persona, nos duele que no sea como lo planeamos. Dejar ir esa parte que ya no es nuestra pero que nos negamos a aceptar que se va o se fue, que creo necesitar para vivir feliz y bien. No es así, no necesitamos a nadie para ser feliz, necesitamos ser felices y compartir eso con alguien.

Si realmente es con nosotros no tenemos ningún motivo para suplicar y rogarla, para tratar de cambiar para hacer de nosotros el ser perfecto para él o ella; la persona que nos ama no nos quiere cambiar, si nosotros queremos hacer cambios es por decisión propia pero no como condición para una relación.

El amor no puede imponerse y tampoco debemos imponernos quedarnos cuando ya no hay nada que hacer, que se queden con nosotros por lastima o chantaje no nos hace felices, contrariamente nos hunde en la inseguridad, la desesperación y la sensación de pérdida constante lo que nos vuelve aún más asfixiantes con nuestras parejas.

Irme o quedarme es cuestión de amor propio, no de odio al otro o que nunca lo ame, a veces nos vamos exactamente porque lo amamos tanto que hoy que no funciona no queremos llevarnos un mal recuerdo o terminar casi odiando al otro. Sí, eso dije, amor propio (leyó bien), tengo que amarme tanto para darme a valer y no quedarme en una relación agotada y sin futuro solamente por lastima o por culpa, y mucho menos por el que dirán. 

Al final, si me quedo el otro sentirá que lo maltrato por mi indiferencia o porque ya no siente que lo hago porque me nace sino por obligación las conversaciones se volverán agobiantes y muchas veces retirare mi mano porque su contacto me incomoda, porque sin querer me alejare y cada vez será menos la risa  y el compartir… alguien que amé no merece eso, pero yo tampoco me merezco eso.